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17.03.15

¿La marihuana es adictiva? Reflexiones de Carl Hart

Cuando se habla de consumo de sustancias ilegales, una de las primeras preguntas que salta a la cabeza de mucha de gente es el riesgo a la adicción. ¿Fumar porros te hace adicto al Cannabis? ¿La marihuana es muy adictiva? ¿Una dosis de crack puede hacer que una persona sea adicta para siempre? ¿Un adicto a la cocaína deja de pensar racionalmente y solo lo motiva colocarse más?

Carl Hart ha causado un gran revuelo en estos temas recientemente por su enfoque disonante, especialmente desde la publicación de su libro High Price.

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¿Es verdad que la marihuana es adictiva?

Más que hablar sobre si la marihuana es adictiva o no Carl Hart enfoca en conjunto la cuestión de la adicción a las drogas ilegales, incluyendo tanto la marihuana como la cocaína, el crack, a la heroína o la metanfetamina.

¿Quién es Carl Hart?

Carl Hart nació en un barrio marginal de Miami, EE.UU., en el que las drogas eran un elemento habitual. Él mismo consumió y vendió drogas, y cometió algunos delitos menores en su juventud. También es neuropsicofarmacólogo, profesor e investigador de la Universidad de Columbia.

Una serie de factores, como su entorno familiar y mentores, o los susbsidios que recibía su familia, le dieron la oportunidad de formarse, hacer estudios superiores en las Fuerzas Armadas, y continuar sus estudios hasta doctorarse como neurocientífico.

Entonces quiso contribuir a combatir la miseria en sociedades marginales como aquélla en la que había crecido y, entendiendo que las drogas eran las causantes del crimen y la pobreza se centró en este tema.

Al igual que Lester Grinspoon, Hart comenzó sus investigaciones sobre las drogas asumiendo la narrativa oficial que sostiene que las drogas son absolutamente nefastas y causantes de muchos de los problemas que sufre la sociedad, como el crimen y la miseria. Pero, como Lester, su investigación lo llevó a conclusiones muy diferentes de las esperadas.

Un 80% de los consumidores no son adictos

En las primeras pruebas de Carl Hart, por el año 2000, los animales a los que se les suministraban drogas solicitaban más y más dosis, hasta que morían. Pero en experimentos posteriores se les brindaron a los animales otras opciones a elegir: comida, una pareja en celo para aparearse, y entonces el resultado cambió, la mayoría prefería estos otros estímulos.

Luego, Hart probó con personas diagnosticadas como adictas. ¿Sería un adicto al crack capaz de negarse a una dosis gratuita? ¿Podría una persona adicta a las anfetaminas tomar una decisión racional y negarse a esa satisfacción inmediata?

Para responder a estas preguntas se les ofreció a los participantes elegir entre una dosis y 5 dólares. El resultado fue 50 y 50. Pero más sorprendente fue el resultado cuando la alternativa a la droga eran 20 dólares: el 80% de los adictos prefería el dinero. ¿Sería que querían ganar dinero para drogarse luego? Tal vez, aunque varias personas optaban porque en lugar de darles el  efectivo les pagaran algunos recibos. Y de todos modos, aunque otras lo usaran para comprar drogas, estaban tomando una decisión racional de posponer la satisfacción inmediata por voluntad propia.

La primera conclusión entonces era clara: ninguna droga provoca la adicción por solo probarla. Por el contrario, son las alternativas (o la falta de ellas) las que determinan que una persona elija consumir drogas o no.

La segunda conclusión era que, en función del tipo de sustancia, solo un 10 a 20% de los consumidores presentaba problemas de adicción.

Entonces, ¿por qué alguna gente se vuelve adicta a las drogas?

A medida que avanzaban sus estudios, Carl Hart vió cada vez con más claridad que las drogas en sí no son el problema. La causa de las conductas adictivas son la pobreza, el desempleo, las políticas selectivas de drogas (que hacen un 33% de la población negra sea encarcelada en algún momento de su vida), la ignorancia, entre otras. Es decir, la falta de oportunidades.

La mayoría de los consumidores de drogas, dice Hart, no tienen un problema de drogas. Por el contrario, llevan vidas normales, son responsables, cuidan a sus familias, pagan sus impuestos, trabajan. Varios han llegado a presidentes. En la medida en que hay alternativas, el nivel de adicción se reduce drásticamente.

En el caso de ese 10 a 20% restante, la respuesta a la causa de su adicción es compleja, y aunque en algunos casos se pueda deber a ciertas enfermedades psiquiátricas, Carl Hart comenta que los indicadores sugieren que tiene que ver con que son personas que no han desarrollado la habilidad de asumir responsabilidades. Nuevamente, el enfoque recae en lo social, no en temas biológicos ni farmacológicos.

Contra la criminalización

Aunque las causas de la adicción de este pequeño porcentaje de consumidores no esté aún esclarecida, a Hart le interesa más centrarse el el 80% de consumidores que son criminalizados (hay penas de 5 años de cárcel por posesión), lo cual los estigmatiza y los lleva a tener menos oportunidades, generando un círculo vicioso.

Este es el principal motivo por el que Hart aboga por la despenalización de todas las drogas. Pone como ejemplos a Portugal y la República Checa, lugares donde el consumo de drogas se sanciona con multas, no por vía penal con la cárcel, y donde las tasas de problemas relacionados con uso de sustancias ilegales son inferiores incluso a los de otros países europeos.

Hart tampoco es de los que defiende la despenalización de las drogas basándose en argumentos como que la marihuana no es más tóxica que el alcohol, o que la metanfetamina no es más peligrosa que determinados fármacos.

Por un lado, ese enfoque mantiene el enfoque en lo farmacológico en lugar de concentrarse en lo social. Pero además sugiere que todos estos elementos son negativos, por igual, pero negativos al fin. Y Hart rehuye de este envilecimiento de las drogas. De hecho es partidario de que las sociedades necesitan intoxicantes, y que usan y seguirán usando drogas ya que además de sus usos recreativos relajan, bajan la ansiedad, tienen diversos beneficios para la salud.

¿A favor de la legalización?

Seguramente por una cuestión estratégica Carl Hart no promueve la legalización de las drogas. Al menos no aún.

Su motivo es que las drogas son un excelente chivo expiatorio. Cuando surgen problemas de crimen y pobreza en la sociedad, en lugar de atender a las causas sociales y estructurales que los alimentan, desde los gobiernos se culpa a las drogas, que es más sencillo.

Hace 40 años cuando se decía que la marihuana transformaba a la gente en monstruos asesinos, muchos lo creían. Hoy ya hay tanta información al respecto que semejante afirmación no tiene la más mínima credibilidad. Con el resto de las drogas tiene que haber un proceso de aprendizaje similar, y solo entonces se podrán legalizar, cuando los argumentos que señalen las drogas como causantes de pobreza y crimen no tengan cabida.

Enfoque racional y científico

Según Carl Hart, la forma de abordar el consumo de drogas debería ser desde la educación racional. Es decir, darle el mismo trato que a otras actividades potencialmente peligrosas, como puede ser conducir un coche o mantener relaciones sexuales. Al igual que las drogas, tienen su lado positivo y también sus peligros. Hay que enseñar a las personas a cuidarse, a protegerse y a evitar los efectos negativos.

Pero esto solo se puede hacer desde la ciencia, desde el conocimiento realista de los peligros de cada droga. Por ejemplo, no es raro oír hablar de muerte por sobredosis de heroína. Pero si es poco habitual escuchar que en el 75% los casos la muerte ha sido provocada por la combinación de esta sustancia con otros sedantes como el alcohol. Y encontraremos ejemplos de desinformación similar con las demás sustancias.

Posiblemente, menos tabúes y más información podrían prevenir este tipo de sucesos y serían de gran ayuda para los consumidores recreacionales, que son la gran mayoría.

Para acabar este post, te dejo este vídeo de Carl Hart (en inglés) donde explica por qué las drogas no son el problema. Y si te interesa, puedes seguirlo en su web y redes sociales.

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