¿La marihuana es adictiva? Reflexiones de Carl Hart

Cuando se habla de consumo de sustancias ilegales, una de las primeras preguntas que salta a la cabeza de mucha de gente es el riesgo a la adicción. ¿Fumar porros te hace adicto al Cannabis? ¿La marihuana es muy adictiva? ¿Una dosis de crack puede hacer que una persona sea adicta para siempre? ¿Un adicto a la cocaína deja de pensar racionalmente y solo lo motiva colocarse más?

Carl Hart ha causado un gran revuelo en estos temas recientemente por su enfoque disonante, especialmente desde la publicación de su libro High Price.

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¿Es verdad que la marihuana es adictiva?

Más que hablar sobre si la marihuana es adictiva o no Carl Hart enfoca en conjunto la cuestión de la adicción a las drogas ilegales, incluyendo tanto la marihuana como la cocaína, el crack, a la heroína o la metanfetamina.

¿Quién es Carl Hart?

Carl Hart nació en un barrio marginal de Miami, EE.UU., en el que las drogas eran un elemento habitual. Él mismo consumió y vendió drogas, y cometió algunos delitos menores en su juventud. También es neuropsicofarmacólogo, profesor e investigador de la Universidad de Columbia.

Una serie de factores, como su entorno familiar y mentores, o los susbsidios que recibía su familia, le dieron la oportunidad de formarse, hacer estudios superiores en las Fuerzas Armadas, y continuar sus estudios hasta doctorarse como neurocientífico.

Entonces quiso contribuir a combatir la miseria en sociedades marginales como aquélla en la que había crecido y, entendiendo que las drogas eran las causantes del crimen y la pobreza se centró en este tema.

Al igual que Lester Grinspoon, Hart comenzó sus investigaciones sobre las drogas asumiendo la narrativa oficial que sostiene que las drogas son absolutamente nefastas y causantes de muchos de los problemas que sufre la sociedad, como el crimen y la miseria. Pero, como Lester, su investigación lo llevó a conclusiones muy diferentes de las esperadas.

Un 80% de los consumidores no son adictos

En las primeras pruebas de Carl Hart, por el año 2000, los animales a los que se les suministraban drogas solicitaban más y más dosis, hasta que morían. Pero en experimentos posteriores se les brindaron a los animales otras opciones a elegir: comida, una pareja en celo para aparearse, y entonces el resultado cambió, la mayoría prefería estos otros estímulos.

Luego, Hart probó con personas diagnosticadas como adictas. ¿Sería un adicto al crack capaz de negarse a una dosis gratuita? ¿Podría una persona adicta a las anfetaminas tomar una decisión racional y negarse a esa satisfacción inmediata?

Para responder a estas preguntas se les ofreció a los participantes elegir entre una dosis y 5 dólares. El resultado fue 50 y 50. Pero más sorprendente fue el resultado cuando la alternativa a la droga eran 20 dólares: el 80% de los adictos prefería el dinero. ¿Sería que querían ganar dinero para drogarse luego? Tal vez, aunque varias personas optaban porque en lugar de darles el  efectivo les pagaran algunos recibos. Y de todos modos, aunque otras lo usaran para comprar drogas, estaban tomando una decisión racional de posponer la satisfacción inmediata por voluntad propia.

La primera conclusión entonces era clara: ninguna droga provoca la adicción por solo probarla. Por el contrario, son las alternativas (o la falta de ellas) las que determinan que una persona elija consumir drogas o no.

La segunda conclusión era que, en función del tipo de sustancia, solo un 10 a 20% de los consumidores presentaba problemas de adicción.

Entonces, ¿por qué alguna gente se vuelve adicta a las drogas?

A medida que avanzaban sus estudios, Carl Hart vió cada vez con más claridad que las drogas en sí no son el problema. La causa de las conductas adictivas son la pobreza, el desempleo, las políticas selectivas de drogas (que hacen un 33% de la población negra sea encarcelada en algún momento de su vida), la ignorancia, entre otras. Es decir, la falta de oportunidades.

La mayoría de los consumidores de drogas, dice Hart, no tienen un problema de drogas. Por el contrario, llevan vidas normales, son responsables, cuidan a sus familias, pagan sus impuestos, trabajan. Varios han llegado a presidentes. En la medida en que hay alternativas, el nivel de adicción se reduce drásticamente.

En el caso de ese 10 a 20% restante, la respuesta a la causa de su adicción es compleja, y aunque en algunos casos se pueda deber a ciertas enfermedades psiquiátricas, Carl Hart comenta que los indicadores sugieren que tiene que ver con que son personas que no han desarrollado la habilidad de asumir responsabilidades. Nuevamente, el enfoque recae en lo social, no en temas biológicos ni farmacológicos.

Contra la criminalización

Aunque las causas de la adicción de este pequeño porcentaje de consumidores no esté aún esclarecida, a Hart le interesa más centrarse el el 80% de consumidores que son criminalizados (hay penas de 5 años de cárcel por posesión), lo cual los estigmatiza y los lleva a tener menos oportunidades, generando un círculo vicioso.

Este es el principal motivo por el que Hart aboga por la despenalización de todas las drogas. Pone como ejemplos a Portugal y la República Checa, lugares donde el consumo de drogas se sanciona con multas, no por vía penal con la cárcel, y donde las tasas de problemas relacionados con uso de sustancias ilegales son inferiores incluso a los de otros países europeos.

Hart tampoco es de los que defiende la despenalización de las drogas basándose en argumentos como que la marihuana no es más tóxica que el alcohol, o que la metanfetamina no es más peligrosa que determinados fármacos.

Por un lado, ese enfoque mantiene el enfoque en lo farmacológico en lugar de concentrarse en lo social. Pero además sugiere que todos estos elementos son negativos, por igual, pero negativos al fin. Y Hart rehuye de este envilecimiento de las drogas. De hecho es partidario de que las sociedades necesitan intoxicantes, y que usan y seguirán usando drogas ya que además de sus usos recreativos relajan, bajan la ansiedad, tienen diversos beneficios para la salud.

¿A favor de la legalización?

Seguramente por una cuestión estratégica Carl Hart no promueve la legalización de las drogas. Al menos no aún.

Su motivo es que las drogas son un excelente chivo expiatorio. Cuando surgen problemas de crimen y pobreza en la sociedad, en lugar de atender a las causas sociales y estructurales que los alimentan, desde los gobiernos se culpa a las drogas, que es más sencillo.

Hace 40 años cuando se decía que la marihuana transformaba a la gente en monstruos asesinos, muchos lo creían. Hoy ya hay tanta información al respecto que semejante afirmación no tiene la más mínima credibilidad. Con el resto de las drogas tiene que haber un proceso de aprendizaje similar, y solo entonces se podrán legalizar, cuando los argumentos que señalen las drogas como causantes de pobreza y crimen no tengan cabida.

Enfoque racional y científico

Según Carl Hart, la forma de abordar el consumo de drogas debería ser desde la educación racional. Es decir, darle el mismo trato que a otras actividades potencialmente peligrosas, como puede ser conducir un coche o mantener relaciones sexuales. Al igual que las drogas, tienen su lado positivo y también sus peligros. Hay que enseñar a las personas a cuidarse, a protegerse y a evitar los efectos negativos.

Pero esto solo se puede hacer desde la ciencia, desde el conocimiento realista de los peligros de cada droga. Por ejemplo, no es raro oír hablar de muerte por sobredosis de heroína. Pero si es poco habitual escuchar que en el 75% los casos la muerte ha sido provocada por la combinación de esta sustancia con otros sedantes como el alcohol. Y encontraremos ejemplos de desinformación similar con las demás sustancias.

Posiblemente, menos tabúes y más información podrían prevenir este tipo de sucesos y serían de gran ayuda para los consumidores recreacionales, que son la gran mayoría.

Para acabar este post, te dejo este vídeo de Carl Hart (en inglés) donde explica por qué las drogas no son el problema. Y si te interesa, puedes seguirlo en su web y redes sociales.

5 cosas que no sabías sobre la cocina con marihuana

Aunque cada vez se escucha hablar más de la cocina con marihuana, éste sigue siendo un territorio gastronómico bastante desconocido. Sin embargo, hay un mundo enorme de posibilidades para quienes se animen a cocinar con Cannabis.

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5 curiosidades sobre la cocina con marihuana

Estas 5 curiosidades que no sabías sobre la cocina cannábica te harán descubrir su potencial y te inspirarán a la hora de preparar tu próximo menú.

1. ¿Sabías que antes los alimentos con Cannabis eran muy usados en la antigüedad?

Puede que cocinar con marihuana se haya puesto de moda en los últimos años, pero no es un invento moderno. De hecho, hace unos cuantos siglos, los alimentos a base de Cannabis eran habituales. Fumar marihuana, por el contrario, no era algo común.

En la China de hace unos 5.000 años, las semillas de marihuana fueron de los primeros granos que se utilizaron en la alimentación, junto a la soja, el mijo y la cebada. También en la Edad Media eran consumidas habitualmente por monjes, trituradas, asadas o con avena.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar ejemplos de alimentación con Cannabis. En España, la mantequilla de marihuana fue utilizada durante mucho tiempo por los campesinos por sus propiedades medicinales y energéticas; de hecho, Felipe II supo ver el potencial de esta planta y ordenó, en 1545, el impulso de los cultivos de marihuana con el fin no solo de alimentar a su imperio sino también de combatir el reumatismo, la epilepsia y otras enfermedades.

Y en la historia reciente destaca el caso de Australia, que sufrió episodios de hambrunas en el siglo XIX. Uno de los elementos clave en la supervivencia de los australianos en este período fue la alimentación con semillas de cáñamo que tienen un alto contenido de proteínas.

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2. Además de alimentos, bebidas de marihuana

El abanico de recetas con marihuana es mucho más amplio de lo que algunos creen. Su uso no está limitado a las comidas, sino que también se puede usar para elaborar bebidas cannábicas.

¿Cómo se consigue esto? Los cannabinoides de la marihuana son solubles en grasas pero también en alcohol. Gracias a esta propiedad se pueden elaborar licores, cócteles y bebidas varias a base de Cannabis, desde el té de marihuana hasta batidos de cáñamo, sin olvidar el tradicional bhang hindú.

Y si quieres algo a medio camino entre las bebidas y las comidas, puedes probar esta receta gourmet de helado de marihuana y menta.

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3. Las recetas con marihuana pueden ser muy saludables

Cuando la mayoría de la gente piensa en recetas con marihuana, lo primero que se le viene a la cabeza son postresbrownies, galletas, dulces y pasteles. Es cierto que éstas son algunas de las preparaciones más difundidas, pero el recetario es mucho más amplio.

Por un lado, estas mismas recetas se pueden hacer en versión saludable, como puedes ver en esta receta de brownies veganos. También puedes elaborar comidas frescas, como un delicioso pesto de marihuana o una clásica ensalada César. Y por supuesto, siempre puedes aliñar cualquier plato con un toque de aceite de oliva de Cannabis.

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4. El recetario cannábico no tiene límites, da rienda suelta a tu creatividad

No te limites a las recetas que encuentres. Mientras tengas en cuenta la guía básica para cocinar con marihuana y evites los errores más comunes, las posibilidades son ilimitadas.

La mantequilla de marihuana, el aceite de oliva y el aceite de coco de Cannabis son ingredientes que puedes incorporar a cualquier plato que quieras preparar. Además, también puedes usar cogollos picados para decorar, como en la receta de estos panellets.

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5. Elige la mejor variedad para cada ocasión

Hay muchísimas variedades de marihuana, y cada una tiene diferentes cualidades, efectos, sabor y aroma. Estas características se aprecian no solo cuando se fuma sino también cuando se ingiere.

Por eso, antes de empezar a cocinar con marihuana, piensa en el resultado que quieres obtener.  Hay cepas que son especialmente notables por sus efectos medicinales, algunas variedades te dejarán K.O. en el sofá mientras que otras te harán reír y reír. También puedes elegir genéticas con aromas cítricos, frutales, especiados o florales.

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Esperamos que estas curiosidades sobre la cocina con marihuana te hayan inspirado y te animen a explorar las posibilidades de la gastronomía cannábica.

Y como siempre, nos gustaría que compartas con nosotros qué nuevas recetas originales has probado o inventado.

Imágenes tomadas de El Colmado de Soraya, Smokes Signal Advertising, Cannibake, Franchise ABC, Eldenbow dominicano y Timbuckdu.

Receta fácil de aceite de coco cannábico

Hacer aceite de coco cannábico es relativamente sencillo y es una buena alternativa a la mantequilla de marihuana. Aunque se parecen mucho, el aceite de coco tiene la ventaja de tener un porcentaje más alto de grasas saturadas, por lo que puede absorber más THC que la mantequilla.

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Cómo hacer aceite de coco cannábico, paso a paso

Antes de comenzar ten en cuenta que esta preparación te llevará unos 40 minutos, pero luego, durante las siguientes 12 a 18 horas, tendrás que seguir vigilándolo. Además, si quieres que no tenga demasiado sabor a clorofila, deberás realizar el paso 1 la noche anterior.

Ingredientes

  • 30 a 80 gramos de marihuana seca (esta cantidad es orientativa y varía en función del gusto de cada uno y la potencia de cada variedad)
  • 1/2 litro de aceite de coco, mejor si es orgánico y sin refinar
  • agua
  • olla de cocción lenta (ya sirven los que tienen 3 niveles de calor)
  • colador fino metálico
  • estopilla
  • termómetro

Instrucciones

  1. Pon los cogollos en remojo durante la noche para que se lave un poco la clorofila, que tiene un sabor un poco desagradable, y déjalos secar nuevamente.
  2. Pica la marihuana. Tiene que quedar muy fina sin llegar a ser polvillo, ya que en ese caso costará mucho colar la preparación al final.
  3. Coloca el aceite de coco en la olla y añádele un poco de agua. Ponlo a temperatura alta hasta que el aceite esté bien líquido.
  4. Echa la marihuana poco a poco mientras revuelves hasta que la mezcla quede saturada. De ser necesario, agrega un poco más de agua.
  5. Coloca el termómetro en la olla tapada, y cuando esté cerca de los 120ºC baja la temperatura y remueve. No dejes que se caliente más que eso porque el aceite de coco sigue cogiendo temperatura hasta incluso un rato después de haberlo retirado del calor.
  6. Sigue revolviendo cada tanto, siempre controlando que la temperatura se mantenga entre los 120 y los 130ºC. Tal vez en algún punto necesites subir el calor, pero vigila la preparación de cerca ya que si llega a los 160ºC se arruinan los elementos activos y se estropea toda la preparación. El agua, justamente, sirve para evitar que la preparación se caliente tanto. A medida que se vaya evaporando deberemos ir añadiendo más agua para que el Cannabis esté siempre sumergido y a salvo.
  7. Luego de 12 a 18 horas apaga la olla y deja que la preparación se enfríe.
  8. Envuelve el colador en una doble capa de estopilla, colócalo arriba de un recipiente y vierte la preparación lentamente. Deja que caiga hasta la última gota de aceite y escurre bien los restos vegetales.
  9. En el recipiente te habrá quedado aceite de coco cannábico mezclado con restos de agua. Déjalos durante la noche en la nevera para que el aceite se endurezca y se separe del agua y de cualquier resto que pueda haberse colado.
  10. Al día siguiente solo te queda tirar el agua y lo que te quedará será un trozo sólido de aceite de coco cannábico, listo para usar en cualquier receta. Mientras tanto lo puedes conservar en la nevera sin que se estropee.

Este aceite de coco se puede usar en infinidad de recetas cannábicas y mucha gente lo usa como sustituto de la mantequilla. También se puede usar en bebidas calientes.

Cuando te dispongas a cocinar, recuerda que para activar el THC primero deberás descarbolxilar el aceite de coco cannábico.

Imagen tomada de La Cuchara Verde.

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